La entrada a chile estaba cargada de cierto nerviosismo, me llevarían? me aceptaría como a un par y compartirían sus vidas? porque al fin y al cabo de eso se trata el viaje.
La entrada fue por Futaleufu, y luego de comprobar que el parque nacional que figuraba en mi mapa no existía seguí viaje hacia Chaiten, no sin antes pasar por los lagos Espolon y Lonconao, que el camino había querido que fuese a pie.
Al día siguiente logre que me empezaran a llevar y así esa tarde llegue al tristemente celebre pueblo de Chaiten.
Lo primero que vi al llegar a Chaiten, fue el aeropuerto con 50 cm. de ceniza, ni eso, ni todo lo que me habían ido contando en el viaje, me prepararon para lo que vería al entrar al pueblo.
El río blanco se había llevado una franja del pueblo, y al resto lo dejo con tanta ceniza y piedras que lo hacían inhabitable.
Cuando llegue encontré a Chacho y Susy, una pareja muy humilde de corazón, a pesar de que a ella el río le llevo la casa y a el se la tapo de material volcánico no perdían su optimismo. Al llegar al pueblo luego de la evacuación les habían prestado esta casa, y ellos en agradecimiento, la había convertido en el albergue de los amigos. A todos aquellos que llegaban al pueblo sin donde quedarse tenían un lugar totalmente gratis para quedarse, y así es que esa noche termine con Chacho y Susy, junto al alcalde que también nos acompaño, hablando de como se reconstruirían el pueblo y como le darían nuevamente los servicios, a pesar de que solo 55 personas estaban viviendo ahora.
Chaiten me enseño dos cosas muy importantes, la humildad, la solidaridad y la bondad que llevan algunas personas aquí no tiene medida, ya que se lleva en el corazón, y la ceniza del volcán no lo afecta. Y la segunda es que la palabra político, se puede referir a un vecino que muy preocupado por el pueblo, tiene las herramientas y el apoyo del pueblo para poder ayudarlo. Conclusión: En algún punto hemos errado el camino, será posible aprender de ellos??